La vegana novata

¿Cómo empezó todo?

Nunca he sido amiga de las dietas, es más, he sido tremendamente suertuda de que mis padres me dotaran genéticamente de un metabolismo llamado come-todo-lo-que-quieras-que-no-engordarás-por-nada-del-mundo.

En mi adolescencia, nunca me cuestioné nada en cuanto a la alimentación: me veía delgada, no engordaba, comía mediterráneamente muy variado y por tanto “asumía” que estaba sana interiormente.

Puede que por accidente o casualidad, hace algo más de dos años cayó inesperadamente en mis manos La Antidieta, un libro en el que el Harvey Diamond y su mujer Marilyn plantean un nuevo y sensato concepto de alimentación y cambio de hábitos para poder erradicar de una vez por todas esas dichosas dietas a las que habían estado encadenados buena parte de sus vidas comiendo sano y con sentido común.

Bajo la premisa de no limitar las calorías, su fundamento se basa en el correcto orden de ingesta de los alimentos, tanto en el horario como en la combinación. A grosso modo, este parecía otro más de los cientos de libros blablabla acerca de la mezcla de alimentos, pero uno de los puntos que me cautivó toda mi atención, fue el papel fundamental que juega la buena gestión de la energía en nuestro cuerpo, ya que la digestión es un proceso muy agotador con una alta demanda de ésta y que es de vital importancia para poder eliminar inconscientemente los desechos tóxicos que ya no necesitamos.

¿Energía? Nunca me había planteado el concepto alimento como una fuente de energía útil para el cuerpo y fue un concepto que me fascinó y me hizo leer entre líneas. Devoré el libro en cuestión de un par de días y saqué varias conclusiones que hicieron variar mi dieta de la noche a la mañana.

No más carne roja. Me sorprendió tanto saber que la carne puede llegar a permanecer alrededor de 70 horas en el aparato digestivo que decidí dejar completamente de lado la carne de vaca y cerdo. No excluí del todo las carnes blancas, como la de pavo y pollo, pero más adelante entendí que a la larga sería la opción más beneficiosa.

No más leche ni yogures. Por primera vez, ese líquido blanco tan común en las neveras de cualquier casa, me producía aversión y perplejidad. La leche puede que no sea tan vital para la vida humana, ya que ingerir proteína animal (con todo lo que ello conlleva) diseñada exclusivamente para los terneritos me crea muchas dudas acerca de si es realmente adecuada para el ser humano. Los quesos se quedarían también en breve por el camino.

Aunque el libro de La Antidieta hiciera hincapié en que era mejor adoptar una dieta vegetariana, seguía consumiendo pescados, quesos y huevos, aunque éstos se vieron reducidos a casi a la mitad.

Estas sustanciosas variaciones hicieron reconsiderar mi relación con las verduras, vegetales, frutas y legumbres que empezaron a ocupar desde entonces un 85% de mi alimentación diaria, pero lo mejor de todo fue que mi interés por la cocina incrementó de tal manera que no quería comprar otra cosa que no fuera cocinado por mí. Me gustaba saber de dónde provenían los alimentos (cercanía o lejanía), los ingredientes de los que estaban compuestos los productos de mi cesta de la compra y aprendí así los componentes nutricionales esenciales que hay que cubrir diariamente encontrando su sustituto pero en versión vegetal.

Tanto ésto último como varias lecturas de libros muy interesantes relacionados con el vegetarianismo y el veganismo, ampliaron enormemente mi campo de visión en cuanto a los alimentos y empezaba a entender de alguna manera de que somos lo que comemos. Interiormente mi objetivo era ir dejando a muy corto plazo todos los derivados animales y aunque tomara muy pocos, no acababa de encontrar el momento ideal del cambio total.

Fue entonces que justo en medio de un largo viaje cuando decidí (de la noche al día) que no quería tomar nada que proviniese de un animal. Inicialmente, mi cambio en la dieta fue por cuestiones de salud, pero posiblemente el motivo de que la cuestión ética saliese a flote fue durante la visita al mercado más grande de pescado de Seúl, en Corea del Sur. Sé que no era la primera vez que visitaba uno de tal magnitud, pero sabiendo lo que sabía, me cayó como un jarro de agua helada ver la cantidad de toneladas de pescado que podía albergar una nave industrial: peces merodeando en peceras minúsculas, peces vivos a punto de ser pescados muertos, cientos de crustáceos intentando respirar, miles y miles de gambas secas en un barril… demasiadas vidas concentradas que tocaron mi conciencia a la vez hasta el punto de decidir que era el momento de afrontar el tema de cara y ser una persona que se comportase de manera responsable con todos, asumiendo todo lo que eso conlleva. Un nuevo estilo de vida.

Pasados 3 meses de mi decisión, me encuentro fenomenal, radiante y con mucho vigor y es por eso que decidí iniciar este blog, donde quiero compartir mis recetas caseras, trucos, vídeos interesantes, lecturas y aventuras y peripecias diarias del aprendizaje de una vegana novata.

En conclusión, lo ideal es que cada persona decida en función de sus circunstancias personales pero el hecho de haber cambiado mi alimentación de forma radical es uno de los puntos clave de los que estoy muy muy muy orgullosa y que sin duda transmitiré a mis hijos y a todo aquél que le pueda interesar cómo llevar una vida plena, rica, satisfactoria y llena de sabores sin prescindir de nada. Y lo mejor de todo, sabiendo que nos implicamos y actuamos de forma responsable con los seres vivos y el planeta.

¡Vamos allá!

8 comentarios en “La vegana novata

  1. ¡Hola Sandra! (○^o^)/)) ☆ Gracias por compartir estas recetas (son de gran ayuda para mi), también soy una novata no solamente en el veganismo, también en la cocina (jhe jhe jhe). Seguiré leyendo tus publicaciones (○^-^○), también te comparto el enlace de mi blog (es reciente) por si quieres saber un poco más de mí, también me interesa la alimentación vegana o vegetariana, el diseño web (entre otras cosas más): http://farinatochtli.blogspot.mx .

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