Balance del primer año como ‘vegana novata’

Hace algo más de 1 año y 1 semana que decidí hacerme vegana pero parece que ya hace siglos años que lo sea… cocino sin utilizar ningún tipo de ingrediente animal y esta transición me ha resultado tan sencilla que es como si toda la vida me las hubiera apañados sin ellos. He aprendido tanto en estos 12 meses acerca de mi alimentación (y lo que me queda!) y han sido tantas las cosas buenas que ésto me ha traído que quiero y deseo que me acompañen de por vida: soy mejor persona, con más visión panorámica, con control total sobre mis decisiones y mucho más sabia y conocedora del entorno que me rodea, tanto a pequeña como a gran escala.

Por eso quiero compartir con vosotr@s todo aquello que he aprendido en mi primer año de vegana novata, uno de los más ricos y plenos:

  • En mi cocina han entrado infinidad de nuevos ingredientes, lo que conlleva nuevos sabores y que ni siquiera tenía el placer de conocer (o me sonaban muy de refilón) como la quinoa, el mijo, el trigo sarraceno, la espelta, el kamut, la algarroba, las algas, la chía, el lino, el tempeh, el seitán, la soja texturizada, las leches vegetales, el sirope de agave… un mundo de posibilidades que he ido introduciendo sin problema en mis recetas y que jamás habría conocido si me hubiera limitado ‘a lo de antes’.
  • ¡La curiosidad al poder! Hay que preguntarse de dónde vienen las cosas, qué consecuencias comporta el tener un determinado alimento o producto en tu plato, qué se esconde detrás de las etiquetas de los alimentos del súper (no sabéis la cantidad de nombres raros que he aprendido a evitar y que desconocía por completo), qué te pones en la piel, con qué te lavas los dientes, quién sale o ha salido perjudicado…
  • La energía se transmite, tanto la buena como la mala y al igual que queremos alimentarnos para estar felices, debemos tratar y preparar con mucho cariño todo aquello que queremos que forme parte de nosotros y de nuestra familia y amigos más cercanos. La comida es vida y los alimentos deben provenir de fuentes vivas y no de elementos que han sufrido y que están energéticamente ‘muertos’.
  • Mi mente se ha hecho más fuerte ya que ahora soy yo, y no mi paladar, la que decide que es lo que quiero que forme parte de mi. Soy dueña de los alimentos que quiero que me definan porque ciertamente, somos lo que comemos.
  • He aprendido a prescindir de alimentos preparados y requeteprocesados porque, ¿para qué comprar algo hecho si lo puedo hacer yo en casa con cero conservantes? Es fascinante como partiendo de ingredientes base, podemos mezclarlos y combinarlos de tal manera que el resultado es algo grande, majestuoso, sabroso y sano… la cocina es alquimia en puro estado.
  • No me gusta la química… me he ido volviendo cada vez más reacia a usar medicamentos a medida que iban pasando los meses. Posiblemente la medicina occidental sea un excelente remedio para las soluciones inmediatas pero creo que la prevención diaria con buenos hábitos manteniendo una alimentación consciente acompañada de buen estado de forma tanto físico como mental, son herramientas básicas que dependen de nosotros y de ello puede salir algo muy pero que muy bueno. Quizás, antes de recurrir a la-pastilla-curalo-todo, probaré otros remedios más naturales.
  • Tampoco me gusta nada la química cosmética… cuando me di cuenta del enorme entorno de fórmulas y tóxicos que rodeaba a los productos de higiene de nuestro baño y que para que llegasen a nosotros en forma de llamativos geles y champús sedosos con unas mínimas garantías de salud (dudosas?) una gran cantidad de indefensas criaturas animales lo habían tenido que sufrir en sus carnes, decidí que no quería ser partícipe de ello nunca más. Gracias a mis dudas y curiosidad, conocí a la fantástica Fernanda y sus productos naturales con conciencia y alma vegana.
  • Como dijo en su día Martin Luther King, “No existe peor tragedia que saber lo que es correcto y no hacerlo”. Y relacionado con el punto anterior, también es aplicable al negocio indiscriminado de la explotación que se está dando de todo el mundo, donde los animales han dejado de ser seres vivos para pasar a ser productos con patas y códigos de barras. Hay algo que no funciona y tampoco quiero formar parte de eso. Puede que te digan una y otra vez: ‘Pero tú solo no puedes hacer nada’, y tanto que sí! El entorno más cercano se ve afectado y todo es cuestión de reacción en cadena :-)
  • No he tenido miedo a introducir elementos tanto de la macrobiótica, con sus recetas energéticas, como a aprovechar los nutrientes y enzimas de los alimentos en la cocina crudívora sin alterar sus propiedades. Es fantástica la variedad de cosas que se pueden aplicar a la cocina del día a día para sentirse mejor y experimentar sin miedo con los ingredientes de la despensa.
  • He aprendido que es fácil viajar siendo vegano y que la gente allá donde vas lo pone mucho más fácil de lo que pensamos. Mostrad vuestra mejor sonrisa y amabilidad y seguro que lo que recibiréis a cambio no será poco. Y lo que se aprende en la cocina del país vecino enriquecerá vuestros días como nunca hubiérais imaginado.
  • En este trayecto, también he conocido a gente maravillosa con la que he compartido momentos inolvidables y que han conectado mis neuronas hasta un nivel superior dotándoles de extra-conocimiento vegano :-)

Ufff, cuánto para un año no? Si todo esto lo he aprendido en tan poco, no puedo esperar a conocer lo que me depara el resto de la vida ;-)

¿Y vosotr@s? El hecho de ser vegetariano/vegano, ¿os ha cambiado la vida?

Anuncios